Igual se mantiene bien para sus 65 años. Don Giancarlo maneja un radiotaxi de la empresa Flash –que se demora 20 minutos en enviarte un móvil. “Hace 7 años que hago esta pega y en el turno de mañana –dice–, comienzo a las cuatro de la madrugada y ‘tipin’ tres de la tarde estoy desocupado”. Debe ser el trabajo ideal, al menos para él. Maneja su auto como quien navega a vela por las costas de Bahía Inglesa; se nota que está a sus anchas. Feliz. Pleno. “Puede que yo no sea muy inteligente, menos una gran pensador. Pero los italianos tenemos el estilo en la sangre”. Don Giancarlo se mira con orgullo en el espejo retrovisor del auto: tiene tres pelos blancos en la calva, pero los lleva con honor. “Yo soy de familia napolitana, de los […] –apellido impronunciable. Míreme usted, que debe saber de vestirse; no me miente esa corbata café de tablón que lleva; de las que se usaban en mi época. Por Dios que éramos fijados antes en la facha de uno. Siempre me gustó vestirme bien, mi papá me enseñó desde chico.”Don Giancarlo maneja a un ritmo prudente. Son las cinco de la mañana y Santiago está desolado; el primer día hábil de marzo augura una debacle cercana. Todos vuelven a las calles, la ciudad recupera su ritmo; a él le importa un bledo: “con su perdón, a esta hora las luces rojas son como las chiquillas de las casas de remolienda con su periodo: nadie sabe para que sirven y mucho menos las respetan. Yo me hice hombre en una de esas. Me acuerdo que se llamaba Joaquina. Tenía 28 años. Imagínese, yo apenas 16 y me acosté con esta mujer hecha y derecha. Me hizo pebre.” Bajamos por avenida Grecia casi en neutro. Don Giancarlo de verdad que no tiene apuro; una roja, dos, ni hablar de disco Pare. La calle es suya. “¿Se acuerda de las peinetas Pantera? Por la ‘rechita’ que estaban de moda, ¿se acuerda? Seguramente no. Todos llevaban una en el bolsillo trasero del pantalón de cotelé; los más producidos llenaban una frasquito de colonia con puro jugo de limón natural: la mejor gomina. ¿Me imagino que sabe ese secreto? Y nos poníamos grase de carreta en la cara para tener barba. Figúrese, con apenas 16 años yo tenía patillas y un pelo rubio largo. Si por eso la Joaquina me hizo rechupete.”
Don Giancarlo casi se pasa de largo en Campo de Deportes. Mientras manejaba con su mano izquierda, con la otra intentaba sacar algo de la guantera; no lo encontró. “En esa época me molestaban harto mis amigos. Me acuerdo que una vez usé en una fiesta, donde tocaban puro Elvis Presley, unos mocasines de gamuza argentinos preciosos, imagínese. Como somos los chilenos, todos se reían, diciéndome que esos los usaban las mujeres, que estaba loco y un montón de tonteras: cuatro años después se pusieron de moda y todos los usaban. Fui un pionero. Y yo siempre he intentado que mis hijos que son may…”
–Don Giancarlo, aquí es, por favor. Dije mientras miraba de reojo la cuenta.
–Son $ 5.690, joven. Que le vaya bien. Se me hizo corto el viaje.
2 comentarios:
"Don Giancarlo de verdad que no tiene apuro; una roja, dos, ni hablar de disco Pare. La calle es suya. “¿Se acuerda de las peinetas Pantera? Por la ‘rechita’ que estaban de moda, ¿se acuerda?"
"Fui un pionero. Y yo siempre he intentado que mis hijos que son may…”
–Don Giancarlo, aquí es, por favor. Dije mientras miraba de reojo la cuenta.
–Son $ 5.690, joven. Que le vaya bien. Se me hizo corto el viaje."
Esos dos momentos son súper buenos, creo que grafican muy bien el sentido de lo que querías contar.
A todo esto, te he visto de vez en cuando en CHV, muy divertido wn.
Saludes
Excelente. Iba arriba del taxi compadre.
Sigue escribiendo men y visita mi blog http://mass-metal.blogspot.com
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